De acuerdo con la experiencia acumulada en tantos años de trabajo en El sitio de tu recreo, hemos constatado que es bueno que todo sea rítmico en las actividades diarias de los niños. La importancia del ritmo es primordial, en las actividades, en la familia y el jardín de infancia. Sin ritmo el rumbo se pierde, y tanto actividades como juegos se llevan a cabo con desasosiego, sin armonía.

En el jardín de infancia, primera escuela de 0 a 3 años, el pedagogo ha de cuidar siempre la proporción de las actividades, y diariamente ha de elegir y ha de calibrar las simetrías y las diferencias de los muchos compases de los juegos y de sus elementos: decidir cuándo, cómo, cuántos juegos, y cuánto tiempo cada uno de ellos, a lo largo del día, cada día.

Cada día, sí, pues en esa elección no da lo mismo, ni mucho menos, cuáles vayan a ser los materiales que se les proporcionen a los niños, ni el carácter y la facilidad o la dificultad de los pequeños con el que recibirán las propuestas ofrecidas.

No da lo mismo un lunes que un jueves, un miércoles que un viernes, porque los niños no son los mismos un lunes que un jueves, un miércoles que un viernes… Quiero decir, a mano el refranero, que cada día tiene su afán, y sobre todo, que tiene su manera de afectarnos, sea para frenarnos, para restablecernos o impulsarnos.

¿Acaso los adultos no variamos a lo largo de los días de toda una semana? A unos y otros, a todos nos afectan. Y a los pequeños de forma evidente. Se tiene muy en cuenta esto en mi escuela.

 

Lunes

 

No es que los niños vengan, es que vuelven. Y hay en ello una gran diferencia. Se han terminado los dos días de fiesta y sus actividades, o su ausencia de ellas. Han vivido en sus casas, todo el tiempo con los padres, hermanos, si los tienen, los familiares y los compañeros de juego de los sábados, domingos… Han variado las pautas, todas, muchas, o algunas de ellas. Y los lunes buena parte de los niños suelen volver perezosos, sin ganas, y hay que elegir entonces para ellos un ritmo lento, un ritmo calmado, facilitarles juegos muy sencillos. Ellos vuelven al sitio donde juegan y en él hay que ofrecerle el equilibrio.

 

Martes

 

Los días del dios griego de la guerra y de los desafíos tienen un carácter bien diferente al del día anterior y los niños acuden a la escuela capaces del gran reto que es la concentración. Los martes pueden pues afrontar juegos y actividades que requieran de ellos atención, atención mantenida, despejada. Hay que ofrecerles elementos que no van a cambiarse rápidamente, que no van a ser sustituidos, que van a mantenerse entre sus manos más tiempo que otros días. Buenas son para el martes, por ejemplo, las construcciones atractivas, versátiles y poco definidas. Ese día a los niños se les ofrecen esos elementos, no se les varían los juguetes y se dedican y se concentran solo en ese juego.

 

Miércoles

 

Se establece el contraste con el martes. Están presentes este día los juegos que han de favorecer el dinamismo, la movilidad gruesa, como suele decirse, y los que favorecen la movilidad fina, la pericia manual, la atención al movimiento en ese uso que es la habilidad. Y vamos conjugándolo todo. Es variada la oferta de los miércoles: juegos dinámicos durante diez minutos que se cambian por otros, por estáticos, que a su vez van a tener final. Y los niños aprenden que hay tiempos medidos en los cuales se estrena, se comienza, se desarrolla y se acaba el juego o la actividad. Aprenden, se acostumbran a respetar los tiempos.

 

Jueves

 

Réplica de los martes son los jueves. Pero con un matiz muy importante, pues hay algo importante que los diferencia: los niños hacen lo mismo que los martes, disponen de elementos que favorecen la concentración, juegan con ellos de forma constante, pero con la ayuda del adulto. Hacen lo mismo, sí, más, ese día, cuentan con el apoyo de un adulto en cuya intervención y colaboración aprenden a confiar.

 

Viernes

 

Y aparece el quinto día ya de la semana. En las actividades de los viernes se adoptan los ritmos y los rumbos de los lunes. Es el día en que los niños vuelven a sus casas y a las actividades con sus familias el fin de semana. Los juegos son sencillos y tranquilos los viernes, se respira un cierto aire festivo a lo largo del día, un aliento como de vacación, un soplo que les dice hasta la vuelta.

Lo rítmico, lo acompasado, lo proporcionado y armonioso, un rumbo con cadencia y con sentido y la actividad ritual en los juegos hace que afloren y se manifiesten las buenas cualidades, y los niños disfrutan de vivirlas. No ven así nunca en sus compañeros rivales ni oponentes y en los adultos ven unos aliados.

Y perciben que su actividad, el juego, cosa seria, es algo respetado y protegido, y que se cuida el sitio donde juega, en el que pueden desplegar su alegría y buen humor, inventar, curiosear, ensayar, empezar y también terminar lo que esté haciendo. El tema de lo rítmico en el desarrollo de los niños es crucial y volveremos a él más adelante para tratarlo tanto teórica como prácticamente.

Si quieres saber más sobre cómo establecemos las rutinas con los niños y niñas de nuestros centros, consulta nuestro día a día.

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