El sano aburrimiento, si. Una cosa es el juego y otra es la distracción.

¿Qué función cumple el aburrimiento?

 

En nuestra prisa diaria, en nuestro ritmo desenfrenado en el que hacemos malabarismos con el trabajo, la pareja y los hijos o hijas, y el tiempo necesario para nosotros mismos, aparece esa frase desganada de: “Me aburro.”

En mi experiencia he comprobado que, entonces, ocupamos a los niños de manera inmediata y constante. Y, muchas veces, según la voluntad de los adultos, antes de que ellos lo hayan registrado como la aparición de algo indeseable, algo feo o perjudicial para su bienestar o su alegría. Así que, a lomos de nuestro caballo blanco, decidimos acudir al rescate, y entretenemos al niño, pretendiendo ayudarle, hacerle un bien. Pero, lo cierto, es que esa decisión no es la adecuada en muchas ocasiones.

¿Cuál es mi propuesta? Pues estar alerta contra nuestra propia alarma, contra nuestra propia urgencia a la hora de luchar contra el aburrimiento, pues, a veces, de lo que apartamos a los niños y niñas es de un tiempo que ellos se conceden a sí mismos para vivir su propia intimidad.

Os invito a reflexionar: ¿en cuantas ocasiones, cuando parece que no hacen nada, lo que están haciendo es comenzar a pensar, o reencontrarse, o ensoñar, o bien vivir en su imaginación alguna fantasía de la que está excluido quien les observa o quien les acompaña?

¿Es sano aburrirse?

 

Su actividad es interior e intensa en tales casos. Y lo que os propongo es disfrutar, dejarles abstraerse, nada más. Y observarles, tranquilos y entregados, a ese juego consigo mismos, en su intimidad. Están dándose tiempo o, en todo caso, reuniendo valor, para aburrirse, aprendiendo a aburrirse, que no es, desde luego, negativo.

Si nos damos a nosotros mismos esta oportunidad, y moderamos nuestro impulso adulto, no estorbándoles, respetaremos su oportunidad para experimentar un nuevo ritmo interno. Esta ceremonia puede que les desvele sus capacidades y, quizá, les descubra la ocupación más necesaria: la dedicar tiempo al conocimiento de sí mismos.

Entretenerle a toda costa no es favorable, porque, además, los niños pequeños necesitan centrarse en sí mismos para ocuparse en otras cosas. Entre ellas, cumplir con lo que esperamos de ellos en esa etapa: caminar, moverse con progresiva seguridad, hablar, poco a poco con mayor claridad, prescindir del chupete, si es el caso, acostumbrarse a los sabores y a las texturas de los alimentos, incorporar rutinas como el baño, el vestido y el sueño, y aprender a controlar sus esfínteres. Y todo ello para su bienestar único y privado, así como para el bienestar común y compartido.

Aprender algo nuevo y practicarlo e incorporarlo es toda una tarea para todo niño, y significa, entre otras cosas, abandonar costumbres anteriores, sustituirlas por las que le requiere el desarrollo, por las que los adultos le pedimos, las que vamos enseñándole y facilitándole.

Los pequeños precisan prestarse atención a sí mismos. No hay que suscitar permanentemente su interés para evitar que se aburran cuando así nos parece que sucede. No es bueno para ellos que obedezcamos nuestro impulso de tomar cartas en el asunto.

Y tampoco es beneficioso pasar de un estado de agitación o de concentración a otro, sin más, en un abrir y cerrar de ojos. Es necesaria una transición de aburrimiento, que además tiene otra virtud, hoy importante:

 

«demostrarnos que no podemos, ansiosamente, como dictadores, ser dueños de todo, capaces de todo, experimentar todo, todo el tiempo. Y, más, cuando, de ese todo, eliminamos cuanto no es placentero, divertido y distraído.»

 

El disfrutar continuamente, cada hora del día y cada día, se está volviendo una obligación, una orden ridícula, buenista, con la que hasta se despide el telediario.

¿Quién quiere eso, por qué y para qué?

«Todo es cuestión de proporción y orden, también el aburrirse.»

 

Por nuestra parte, ni indiferencia ante el aburrimiento de un niño, ni intervención urgente y compulsiva. La perspicacia nos alumbrará para dejarle exponerse al tedio, si es el caso, o para protegerle del mismo, si comprobamos que relacionarse con él le resulta excesivo, le supera, y es por tanto nocivo, indeseable.

En este artículo, publicado en el Blog de El sitio de tu Recreo, encontrarás más información acerca del concepto de ACOMPAÑAMIENTO INFANTIL.

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Y en este otro post, transmito mis opiniones acerca de la importancia de educar sin prisa.

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